Teníamos la piel ardiendo por las ganas y la sangre temblando por el miedo. Sus besos rasguñaban lentamente mi alma y sus dedos, mágicos como solamente ellos, rebuscaban entre mi ropa interior los orgasmos que le había robado hacía noches. Pero ahí, en el hemisferio norte a mano izquierda, había un corazón agrietado con cicatrices que mis uñas enterradas en su espalda abrían más y más, como si quisieran imitar su boca abierta en forma de "o". Gimo. Gime. Y son gritos de ayuda. Conocemos lo efímero del momento que nos acaricia la vida como un soplo de invierno. Lo aprovechamos como sólo dos extraños que se conocen muy bien saben hacerlo, esos con un pasado en común.
Siento las lágrimas en los ojos y temo que me llueva en las pestañas. Tiene las mejillas sonrojadas cual verano y un brillo particular en los ojos. Sin embargo, el tiempo ha hecho que sus destrezas se intensifiquen y ya no hay besos inocentes, ni toqueteos pícaros. Sabe en dónde tocar y yo lo imito. Sé en dónde tocarme. Sé en dónde tocarme para herirme de tal manera que mis barreras queden inútiles por haberle dejado entrar en mí. No sólo en mi cuerpo, sino en mi vida. Y no sólo en mi vida, sino en mi alma. Para mi desgracia, él está consciente, o creo que lo está porque en las esquinas de su boca tironea una sonrisa... O puede que esté por correrse.
Sí, sin duda está por correrse.
Él nunca imaginaría el daño que me hace.
Siento las lágrimas en los ojos y temo que me llueva en las pestañas. Tiene las mejillas sonrojadas cual verano y un brillo particular en los ojos. Sin embargo, el tiempo ha hecho que sus destrezas se intensifiquen y ya no hay besos inocentes, ni toqueteos pícaros. Sabe en dónde tocar y yo lo imito. Sé en dónde tocarme. Sé en dónde tocarme para herirme de tal manera que mis barreras queden inútiles por haberle dejado entrar en mí. No sólo en mi cuerpo, sino en mi vida. Y no sólo en mi vida, sino en mi alma. Para mi desgracia, él está consciente, o creo que lo está porque en las esquinas de su boca tironea una sonrisa... O puede que esté por correrse.
Sí, sin duda está por correrse.
Él nunca imaginaría el daño que me hace.
Gime nuevamente y la cama rechina. Nuestros sexos chocan y mi tripa pega con la suya. Sus manos aprisionan mis pechos no queriendo que escapen. ¡Vaya! El techo de su habitación le ha quitado prestadas un par de estrellas al manto de la noche. Siento que el cielo nos acobija. Gime, pero creo que es la bomba atómica a punto de destruir Hiroshima. O destruirme.
Una sensación de tristeza me embarga y la nostalgia me quema los dedos de los pies, así como el orgasmo me causa cosquilleos en el cuero cabelludo. Lo voy a perder nuevamente, como siempre lo pierdo al terminar. Quiero que me jale del cabello con fuerza y me dé nalgadas, que me castigue por la estupidez que estoy haciendo de quererle más de lo que él me quiere. Embiste, y lo hace con tanta fuerza que satisface el mártir en el que me he convertido. De mi boca escapa un "más, por favor" en forma de plegaria y me complace, tan duro y tan acertado que duele al final del vientre y al inicio de la vida. Lo siento llegar a lo más profundo y lo siento en todos lados, de sentir tanto terminé disculpándome, por tantos "lo siento" que tuve que decir al contar esto. Y no me arrepiento.
Un largo orgasmo escapa de su boca y el mío le hace eco. Se le contrae el rostro de una manera tan exquisita que me hace sonreír cuando abro los ojos. Muerde sus labios. Se deja caer sobre mí y siento su peso aplastándome las razones para no hacer locuras más seguido. Tiene la piel caliente, tersa y los lunares en su espalda parecen llamarme para que les de besitos. De haber estado en otra situación, le haría cariño en el cabello con los dedos y le daría pequeños mordiscos en el hombro, en la frente. Pasaría mis dedos por su espalda, trazando formas sin sentido mientras reposa en mi pecho como un niño, cansado y relajado por la explosión del cosmos en nuestra entrepiernas.
Se levanta y caigo en cuenta de que no somos esos, los de antes, y que no puedo soltarle de sopetón los te quiero que hicieron un nudo en mi garganta. Sale de mi interior y comete el error de tenderse a mi lado, dejando caer su brazo alrededor de mi cintura. Pero sinceramente, no esperaba que se levantara y se fuera, porque él no es así. Me mira como me vio esa noche. Sin embargo, no cometo el error de creer que en sus ojos veo amor, así que cierro los míos para no verle mas no logro cerrar el corazón para no sentir.
Me sorprende un cálido beso en los labios y el sonido que hacen estos al separarse, me recuerda a casa. Quiero tenderme más tiempo y que me susurre al oído varios "tranquila" que me hagan creer que no llegaré desmoronada a casa, como si por cada gramo de alegría lo pagara con kilos de tristeza. Lo siento suspirar y yo siento que ya no puedo más. No sé si irme o quedarme, y él comienza a dormirse a mi lado. Con los ojos cerrados se ve tan tierno... Me quedo. Sí, sin duda me quedo. Me acerco más a su pecho y me dejo llevar por el sueño con la certeza de que estoy a salvo ahí, en el infierno que el diablo hizo parecer un paraíso.
Me sorprende un cálido beso en los labios y el sonido que hacen estos al separarse, me recuerda a casa. Quiero tenderme más tiempo y que me susurre al oído varios "tranquila" que me hagan creer que no llegaré desmoronada a casa, como si por cada gramo de alegría lo pagara con kilos de tristeza. Lo siento suspirar y yo siento que ya no puedo más. No sé si irme o quedarme, y él comienza a dormirse a mi lado. Con los ojos cerrados se ve tan tierno... Me quedo. Sí, sin duda me quedo. Me acerco más a su pecho y me dejo llevar por el sueño con la certeza de que estoy a salvo ahí, en el infierno que el diablo hizo parecer un paraíso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario